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Surrealismo
Eingestellt am 19. 01. 2002 17:07


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Lukrezia
Schriftsteller-Lehrling
Registriert: Nov 2001

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La criatura del agua

Hab√≠a llegado la noche anterior despu√©s de un viaje en barco del puerto de Oostende a este peque√Īo islote en el archipelagio de Las Canarias. Era tarde, alrededor de los once cuando puso la llave en la cerradura de su habitaci√≥n en un hotel peque√Īo en la costa. Abri√≥ la puerta y sin hacer luz deposit√≥ la maleta para echarse enseguida encima de la cama. No se desnud√≥.
En medio de la noche se despert√≥. Hab√≠a mal so√Īado, pero la √ļnica cosa que pod√≠a recordar era agua, agua salada, agua del mar.
En la madrugada Susana M. se despert√≥ y a pesar de la interupci√≥n del sue√Īo en la noche se senti√≥ bien. Apartaba cualquier pensamiento en su pareja, en los amigos o el trabajo de la cabeza y cada vez que volvi√≥ a pensarlo se concentraba en el sonido que hac√≠an las olas en la playa cerca.
Desde la puerta de la terraza, que pertenecía a su habitación, se vió el mar. Tenía un color verde con un poco de gris. Las olas le parecían a ella como una canción antigua que conocía desde siempre y que solamente había olvidado.
Susana M. se duchó, se vistió y luego descendió para tomar el desayuno en el restaurante de hotel.
Un poco m√°s tarde sal√≠o para pasear solita por la playa de arena negra que se encontraba t√≠picamente all√≠ en la islote. El barco que la hab√≠a llevado la noche anterior ya hab√≠a ido muy temprano esta ma√Īana. No volver√≠a que la noche a la misma hora pero elle hab√≠a decidido de quedarse a√ļn m√°s.
Susana M. paseó por la pasarela y se dió cuenta que poco a poco se cubrió el cielo. Las nubes se hacían cada momento más grandes y grises y un viento se levantó con unas ráfagas feroces. No hacía frío pero la poca gente que ella había visto en su paseo se marchó rápidamente por miedo de las primeras gotas que empezaron a caer. Pronto se quedaba sola en la playa con el furioso rugido de las olas baja un cielo oscuro como una pizara. De repente, paró sus pasos.
Delante de ella, en la arena negra yac√≠a una piedra dorada gigantesca. Brillaba, como si el sol la reluc√≠a, como si era una l√°mpara, pero era un reflejo solamente. Sin embargo parec√≠a muy misteriosa con el agujero redondo, no puesto en medio de la piedra irregular y rocosa pero hacia el borde del objeto. Se inclin√≥ para tocarla. Pero en este momento una r√°faga le ech√≥ arena en los ojos as√≠ que ten√≠a que apartar la cabeza y se rozaba los ojos para quitarse los granos. Al abrir los ojos, ya no vi√≥ nada delante de sus pies excepto la playa negra. Y una ola que se retiraba. Sin embargo la piedra estaba demasiada pesada para quel el agua hubriera podido llevarsela al mar. Era muy extra√Īada per segu√≠a sus pasos al lado del mar, mirando por todas partes si vlov√≠a a ver la misteriosa roca de oro. Empezaba a lloviznar. Entonces volvi√≥ sobre sus pasos y se acercaba lentamente a su hotel. El personal la saludaba amablemente como en la ma√Īana y poco despu√©s tom√≥ un almuerzo l√≠gero. Hac√≠a la siesta, durmi√©ndose al leer una novela que se hab√≠a tra√≠do.
Al despertarse era ya de noche. Miraba el reloj al darse cuenta de que hab√≠a dormido m√°s de ocho horas sin so√Īar.

Susana M. baj√≥ a la sala. No hab√≠a nadie. Desde lejos o√≠a una televisi√≥n y de otra direcci√≥n m√ļsica del bar del hotel. Pensaba en la piedra dorada y se dirigi√≥ al portal. Descindi√≥ las escaleras hac√≠a la playa. Abajo se par√≥. Era silencioso excepto al rombo de las olas que parec√≠an susurrar. Era marea baja. Le parec√≠a a ella que la mar se hab√≠a ido, que nunca volver√≠a y solo hab√≠a dejado a unos charcos que se secar√≠an sin deja rasgos de humedad.
S√≥lo un instante despu√©s se le volvi√≥ la seguridad que todo era normal. Se qued√≥ de pie en la playa oscura y se le vaci√≥ la mente por completo. No pensaba en nada. De repente ten√≠a la impresi√≥n de que se le acercaba algui√©n. El olor de un perfume dulce y delirante le lleg√≥ a la nariz. Volvi√≥ la cabeza para distinguir las sombras en la oscuridad de la noche pero no hab√≠a a nadie. Sin embargo se le quedaba la sensaci√≥n de que estaba muy cerca una mujer misteriosa. Volvi√≥ a pensar en la roca dorada, tan misteriosa como el sentimiento que ten√≠a en este momento. Sent√≠a un momento de p√°nico que se clmaba con cada paso que hac√≠a hacia el hotel cuyas ventanas illuminaban la playa con charcos de luz. Volvi√≥ la cabeza repentinamente a ver si la segu√≠a la invisible presencia humana. Volv√≠o tambi√©n el rumbo de las olas que se transformaron en m√ļsica asegardora. Cuando entr√≥ en la sala, percibi√≥ una mujer rub√≠a y alta, muy delgado que se levant√≥ a su vista. Se dirigi√≥ a Susana M., sonriente y amable, pero a ella le inspiraba irritaci√≥n. Nadie sab√≠e que estaba en este sitio. Se hab√≠a ido sin decir a nadie a donde iba. Sent√≠a rabia y se precipit√≥ hacia el ascensor. Cuando se ceraban a las puertas todav√≠a remarc√≥ la gesta de la mujer quein se hab√≠a parado con los brazos abiertos hacia ella como si fiuera acogiendo a una hermana bien querida o una amiga √≠ntima.
Se ech√≥ encima de la cama - todos los pensamientos se fueron excepto la cara de la mujer. Le parec√≠a conocida pero no pudo ni pensar ni acordarse de haberla visto en alguna parte del mundo. Otro sue√Īo profundo la envolv√≠a. No pudo resistir. Se le cerraban los ojos.
A la una se despert√≥ de nuevo con un sobresalto. Hab√≠a so√Īado con agua del mar y cuando se laia los labios, sab√≠an a sal. Se levant√≥ y se sali√≥ por la puerta a la terraza. Miraba abajo. Contra el cielo claro de noche, iluminada de una luna llena, le parec√≠a ver una silueta de mujer. Pero solo era un instante como se puso una nube delante de la luna y oscureci√≥ todo. Volvi√≥ a la cama y otra vez se durmi√≥.

La ma√Īana siguiente Susana M. ten√≠a color de cabeza. Todos los huesos le doian y se sent√≠a muy flaca. Cruzaba la recepcon y la receptionista qui√©n estaba tambi√©n la noche anterior le dirigi√≥ la palabra. Quiso saber si le hab√≠a encontrado su hermana - una mujer rubia y alta y si eran gemelas por que se parecieran mucho. Neg√≥ con vehemencia, diciendo que no ten√≠a hermana. La receptionista la miraba incr√©dula pero luego volvi√≥ a su trabajo.
El desayuno le daba fuerza y se sinti√≥ mejor. El mal estar se march√≥ y ella sali√≥ otra vez a la playa. De d√≠a parec√≠a menos hostil. En el cielo nublado se abr√≠a una raya y el sol recorri√≥ la arena negra de la playa. Casi no hab√≠a gente. Alrededor de unos cien metros no hab√≠a a nadie. Susana M. se desnud√≥. Ten√≠a el ba√Īador puesto ya. Corri√≥ hacia las olas que parec√≠an retirarse a su llegada como para burlarse de ella. Se tumb√≥ cabeza abajo en la profundidad del mar y se deo llevar. Guard√≥ el aliento lo m√°s largo posible y cuando ya no pudo m√°s ascendi√≥ a la superficie. El cielo estaba oscuro como el d√≠a anterior por nubes grises que de repente hab√≠an aparecido. Se di√≥ cuento de que estaba ya a unos cien metros de la playa. All√≠ estaba una persona que llevaba algo muy brillante en la mano derecha. Se parec√≠a a la mujer rubia de la noche anterior y la cosa en su mano se pareci√≥ mucho a la misteriosa roca dorada que hab√≠a cre√≠do ver en la arena. La person no se movi√≥. Parec√≠a no llevar ropa ninguna. Miraba fijamente en su direcci√≥n, levantando lentamente la roca luminosa. Por el agujero parec√≠a atraer la mirada de Susana M. . Se sent√≠a como hipnotizada. No pod√≠a moverse. Un peso irresistible tiraba de sus pies hacia abaja. Sus manos, sus brazos le parec√≠an como si no pertenc√≠an a su cuerpo. No ten√≠a sensaci√≥n ninguna en su piel. Con la boca ya debajo de la superficie hac√≠a un √ļltimo esfuerzo para sacar aire o para gritar. Pero no sab√≠a como decidirse. Fuera como si tuviera tomar ella la decisi√≥n si hab√≠a que sacar aire o expirarlo en un grito. Entonces no hacia ni uno ni otro. Despu√©s de algunos momentos que parec√≠an una eternidad perdi√≥ la conciencia. Vi√≥ primero oscuridad, luego hab√≠a reflejos que resultaban de un sol dorado que ten√≠a una tacha negra. Estaba colgada en medio del cielo negro. Por esta tacha salt√≥ un chorro de agua espumante como la espuma encima de las olas que se rompen en las rocas de la costa. Vi√≥ que el chorro cog√≠o forma human, ten√≠a cabza, brazos y piernas y a pesar de estar por completo compuesto de agua salada, representaba a una mujer. Le sonri√≥ y abri√≥ sus brazos cristalinos. Susana M. ya no sent√≠a p√°nico. Los brazos extendidos la cog√≠an, la apretaban y la envolv√≠an completamente. Estaba agua salada alrededor de ella y dentro de ella pero no sent√≠a miedo.

M√°s tarde, la policia not√≥ en su informe que Susana M. hab√≠a quitado la isla despu√©s de dos d√≠as de estancia sin llevarse a su maleta y sin pagar la cuenta. Despu√©s de su ba√Īo al mar no hab√≠a vuelto al hotel. Su ropa quedaba en la playa donde pasantes la hab√≠an visto desaparecer entre las dunas, completamente desnuda. Nadie pensaba en un crimen sino en voluntad propia de la desaparecida que parec√≠a haber perdido su salud mental en los √ļltimos d√≠as.
Alertos, la policia y el director había buscado por toda la isla, incluso habían puesto vigilia en el puerto para sorprenderla a tomar el barco, pero Susana M. no estaba entre los pasajeros. Ni este día ni las noches siguientes. Nunca estaré.

Por Paris movi√≥ una mujer hermosa y rubia. Visti√≥ un traje elegante y parec√≠a muy distanciada. Por donde pasaba dej√≥ huellas humedas de pies desnudos, pero nadie se di√≥ cuenta porque estaba lloviendo. As√≠ pas√≥ ‚Äď siempre.

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AdB

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